La revolución de los complicados y emocionales. Hartos de protegernos de la mirada ajena y escudarnos, nos liberamos, rompemos cadenas. Mostramos entonces nuestras circunvalaciones, llenamos el mundo de angustia y sinsentido. Los suicidas desisten, pues todos somos suicidas, ex-suicidas, nos quedamos conversando sentados en la plaza. Lloramos, gritamos, nos asustamos, reímos.
Y es que en el centro del barullo no había nada. El poder era una pieza vacía. El amor era una pieza vacía. La soledad era una pieza vacía. Así también, mis angustias, la rabia y sus consecuencias, la irritación y el profundo rechazo, eran el papel mural de un cajón desbordando vacío.
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