sábado, 6 de marzo de 2010
Reflexiones de jueves por la tarde
jueves, 4 de marzo de 2010
Yughi-oh!!
Un hombre sentado delante de un computador.
El mismo hombre sentado delante de las estrellas, delante de un bosque, delante de una mujer semidesnuda. Siempre delante. Puedes mirar pero no tocar. El mismo hombre en un barco, un barco noruego cargado de uranio, un barco ruso, cargado de coca-cola. No importa. Lo que importa es que abre la escotilla y entra, y baja, y ve el cargamento, y se compenetra con esa atmósfera húmeda y en penumbra. Avanza por entre los tablones resbalosos, hasta tocar el cuerpo grasoso de un cetáceo muerto, apabullante; o quizás tocar el duro metal que contiene el material radioactivo que se lleva hacia algún lugar de contrabando..
No importa. El mismo hombre se estremece al oír el estruendo del relámpago, y necesita salir de ahí, y tropieza con un clavo mal clavado en el piso de tablas mojadas y cae y se vuelve a levantar, para oír el segundo relámpago, la luz, la tormenta en medio del océano atlántico, y su mística soledad que no distingue afuera y adentro.
En fin, el hombre siempre estará delante del computador con el pecho apretado, siempre delante de un libro, en cualquier caso tirado en su cama, la realidad no tiene nada que ver con barcos noruegos, y si así fuera, yo no estaría aquí leyendo tonterías. Siempre se quedará esperando que el sueño baje desde donde sea que cuelgue, o se materialice. Pero es solo soñar, porque la realidad es conciencia y la conciencia es miedo, y el miedo, es quedarte en tu casa donde sabes lo que te espera. No espero nada de la vida. La vida espera de mí, yo yo siempre aquí decepcionándola. Como sería si jamás hubiéramos visto una película, leído una novela x, escuchado un cuento de boca de cualquier misterioso anciano...
Limpia, libre de expectativas y de sueños, quizá.
El otro día me encontré con un pollo gigante y amarillo, una suerte de avestruz-pollo doméstico, llamado Chocobo. Yo era en ese momento un héroe extraño y rubio, parecido a gokú, pero menos estúpido, llevaba una espada gigante en la espalda (no me pregunten como), y una ropa que me hacía lucir como un atractivo guerrero salido de la cabeza de algún japonés tarado. Y me subí a mi pollo gigante y recorrí el mundo, luché contra corporaciones nazis gigantescas, máquinas asesinas creadas por sus científicos, criaturas místicas. Fui un héroe, lloré, mis amigos me acompañaron en la travesía bajo la lluvia, el cielo siempre era negro, gris o violeta. Una mujer hermosa dijo algo, encerrada en su habitación, el grito fue como la canción final del juego, había lluvia y rayos, sus ojos resumían todo lo que yo les pudiera contar... En fin. El sujeto con el pelo café, y la mirada oculta bajo los mechones tiesos como una estalactita, sonrió y dijo:
-Yughi- oh!!!