Tú, la invasora de mi pequeño país, cuya gente pasó por entre los árboles y convenció a los lugareños de seguirla más allá, al otro lado del río. Estoy inmerso en una revolución sanguinaria.
A ti no te sirve un país que no es capaz de gobernarse a si mismo. Me dijiste: 'eres mucha responsabilidad', y no te culpo.
Yo no quiero que gobiernes mi país. Prefiero seguirte libre, e incondicionalmente.
Necesito tregua, cambio de mando o de sistema. La paz social toma años, y temo que antes de lograrla, hayas desaparecido de todos los mapas, y ningún geógrafo pueda hallarte, o satélite, o valiente explorador.
¿Desaparecerás de la fas de la tierra?
Antes de acabar, la última noche de playa, soñé que chocábamos un auto.. ¿Te conté?
Chocábamos el auto.
Así me siento... Como un niño al volante. Y me da tanta vergüenza no saber manejar.
Estoy feliz, a pesar de todo. Contigo aprendo. Es un aprendizaje doloroso.
Antes de hablar en la plaza, a finales de febrero, iba en auto hacia Santiago. Me llevaba una máquina que conducía otro, me acercaba a ti. Allí, en esa desolación, sentí que me dolía cada célula del cuerpo, cada partícula. Estaba naciendo. Iba naciendo hacia ti, a toda velocidad.
Estoy naciendo hacia ti, cada día. De a poco dejaré de nacer, y te volverás un recuerdo.
Y eso será bueno y malo, como todas las cosas.