miércoles, 19 de enero de 2011

A los universitarios

Pobres pobres que no eligieron deslomarse trabajando para comer, o sufrir de hambre y de cesantía. Pobres ricos que no eligieron vivir aislados en sus casas de cuatro baños, jutándose entre ellos sin poder compartir dolor alguno con el mundo. Defenderemos a muerte nuestras cadenas e inseguridades. Yo solo espero cada 10 días (ojalá más), poder mirar el techo desde cualquier habitación o plaza, contigo o con él, y saber que la música nos acompañará un buen resto. Estamos instalados en posición partida, como ataúdes de carrera disparados hacia el trabajo. Vamos hacia la separación definitiva, como chanchos en un camión. No nos espera la muerte, sino años de esclavitud. Pero nos acostumbraremos. Yo quiero una esclavitud de árboles. ¿Se puede ser feliz? Escasea el tiempo.