viernes, 2 de noviembre de 2007

Incursiones

Salimos de clases con las caras pintadas. Era de noche, pero no queríamos irnos a casa todavía. Nos miramos cómplices y partimos.
Primero, seguimos a una mujer que trotaba, que escuchaba música, con ropa deportiva. Éramos 6 o 7, maquillados, sonrientes, silenciosos. Trotamos tras ella 2 o 3 cuadras. Se dio cuenta, pero prefirió ignorarnos.
Cuando nos cansamos, nos dirigimos a una farmacia cerca y entramos con la misma actitud. Callados, divertidos, mirábamos con curiosidad las estanterías y a los guardias incómodos. Pedí aspirinas, pero no me alcanzó el dinero. Salimos.
Entonces, tocamos el timbre de una tienda de lámparas. Una niña pequeña abrió la puerta mientras llamaba a su mamá. Se detuvo en medio del grito, sorprendida. La siguió una niña aún más pequeña, con chupete, que nos miraba con ojos grandotes y brillantes. Por último, apareció la madre, cansada.
-Hola -dijo sin entender- ¿Se les ofrece algo?
Los autos pasaban raudos a nuestras espaldas.
- Ya poh! díganme algo...-
Durante tres minutos solo nos miramos.
Nos despedimos con un gesto dulce.
Y nos fuimos.

No hay comentarios: